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Cambios reales hacia el bien HUMANO

Seyven Seyven  •  10/09/2015  •    1 Comentario  • 

Mucho tiempo llevo planteándome el por qué de buscar la separación entre provincias, comunidades, países... etc. Seguro que de esto que escriba la mitad no se leerá y la otra mitad se leerá a ciegas. Dicho esto comienzo:

Muchos han sido los avances que el ser humano, a lo largo de la historia, ha realizado. La mayoría de los avances se centraron en crear comodidades, facilidades, vías de escape al trabajo intensivo. Pero últimamente, y con el paso de los años, me he dado cuenta de que estamos teniendo una involución de ese ideal, la sociedad se está volviendo algo pernicioso, dañino para el ser humano.  Tantas frases de: “con un duro esfuerzo llegarás muy lejos”, eso, amigo lector, es mentira.

Tenemos miles de avances tecnológicos, políticos y sociales, pero en cambio solo benefician a unos pocos y en su mayoría vienen de una alta cuna. El resto de los mortales se mata a trabajar para, como mucho, llegar algún día a lamerle los pies a alguien de más arriba.  Obviamente si uno es inteligente y saca adelante un proyecto llegará a ser importante y a ser otro de los beneficiarios de la sociedad. Pero, admitámoslo, eso es el 1% de la población.  Cabe mencionar a Steve Jobs, Bill Gates, J.K. Rowling, gente importante, genios de nuestra era que supieron exprimir sus ideas. Privilegiados, si se les puede llamar de alguna forma. Esas personas, a día de hoy son grandes beneficiarios de sus logros, y así sus descendientes por varias generaciones lo serán. Pero, ¿qué hay de la gente de a pie? Esa gente, en su mayoría trabajarán toda su vida por un mísero salario que les dará para vivir, y recalco vivir. No para vivir bien. 

Hace décadas que podíamos tener una jornada laboral de cuatro horas y llamar a esta una jornada completa. En cambio, nos hundimos en la miseria evolutiva manteniéndonos firmes en nuestro ideal de sociedad perfecta, una sociedad putrefacta que dejamos sobre la mesa esperando que madure y salga un manzano de ésta, cuando la realidad es que se la están comiendo los gusanos y tarde o temprano alguien tendrá que venir y tirarla a la basura.  Quiero, deseo y espero llegar a ver el momento álgido de la historia en el que los trabajos que no requieran de un alto grado de formación desaparezcan, siendo las personas sustituidas por máquinas. Y es que, ya no vivimos en el siglo XIX, ya no son paranoias de unos analfabetos desesperados por dar de comer a su familia a riesgo de sacrificar la vida misma con tal de conseguirlo. Estamos en pleno siglo XXI, una era de enormes avances cada diez años, una era en la que los robots son cada vez más inteligentes, seguros y eficientes incluso que las personas. Estamos a punto de romper la barrera de la naturaleza y mirar cara a cara a Dios. Nuestras propias creaciones: los robots. 

Cientos de millones de transistores recorriendo cada parte de su esqueleto metálico, tan distintos a nosotros y a la vez tan semejantes. Ellos son nuestro futuro, nuestra creación, y temo, que nuestra evolución.  Ahora, llegados a este punto, querido lector. Responde: ¿Cómo crees que se encargará la sociedad de regular ese despido masivo de personas? ¿Cuántos crees que se beneficiarán de las tecnologías de nueva era? Estamos en una sociedad que prioriza al a la mujer, al niño, pero por encima de todo, prioriza al rico. Y no, si seguimos de la manera en la que hemos estado haciéndolo hasta ahora solo los ricos seguirán sacando ventajas de vivir en el siglo XXI. Mientras tanto, el resto de gente vivirá en el XIX, porque somos débiles, porque nos ciegan y nos abducen. Y aquí ya no hacen falta alienígenas, como en las típicas películas de los 90, solo hay que mirar y encontrarlos en las altas esferas de nuestra sociedad, se disfrazan de personas, hacen creer que son iguales a nosotros, incluso ellos mismos creen serlo, pero no es así. Hemos pasado de investigar curas contra las enfermedades por el bien de las personas a investigarlas solo en caso de que haya dinero de por medio.

Priorizamos el uso contaminante del petróleo porque a nuestros bolsillos les duele más tener un coche eléctrico, porque nadie quiere que compres un coche eléctrico, ¡qué harán los “pobres” jeques sin sus petrodólares si todos invierten en energías renovables!  ¿Véis? ¡Anteponemos el dinero al bien común, anteponemos el sucio, mugriento y envenenado dinero a salvar vidas!,  tal es el grado de abstracción y ceguera del ser humano de nuestra época que, ¡anteponemos el dinero al ser humano! ¡Somos esclavos del verde y las apariencias! Propongo poner fin a esta pesadilla de separación, de marginación y exclusión social causada por nuestra propia creación. Es hora de hacer cambios en la estructura política y social y cambiar de una forma drástica y absoluta nuestra forma de guiarnos por la vida. Es hora de echar colirio a nuestros ojos y librarnos de la ceguera provocada por los cristales camuflados entre el humo de la quema de petróleo y ver más allá de nosotros y lo que nos envuelve, de darnos cuenta de que hay más personas que nosotros, de que hay más vida que nuestro cuerpo, de darnos cuenta de una vez… De que lo estamos haciendo mal.  

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